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Proteger vs. sobreproteger

Por: Gladys Veracoechea Troconis / Psicóloga infanto-juvenil (Madrid, 0034 654862607)

Proteger es brindarle al niño el cuidado que requiere tanto física como emocionalmente. Proteger no significa sobreproteger ni desproteger. Es el punto de equilibrio en donde los padres brindan apoyo, cariño, guía y contención mientras el niño desarrolla sus propias habilidades tendientes a la autonomía. Es una etapa indispensable para que el niño adquiera la seguridad necesaria para sentirse libre y confiado en sus propias capacidades en etapas posteriores de su vida.

Uno de los extremos de la protección es la sobreprotección, la cual implica bloquear el desarrollo emocional del niño, enviándole constantemente el mensaje de que él no es capaz, de que para tener éxito debe contar con nosotros y no con él mismo. Significa no permitirle al niño actuar y tomar decisiones cuando ya está preparado para hacerlo. El mensaje implícito en la sobreprotección es tú no puedes, tú no sabes, cuenta conmigo….no cuentes contigo.

En resumen: tú no eres capaz…En este sentido, es indispensable destacar la función de los padres, al brindarle al niño la oportunidad de explorar el mundo dentro de un marco de seguridad básica. Es necesario que el niño sienta que ese “permiso” que le dan los padres para explorar y descubrir el mundo externo se basa en la confianza adquirida hacia sí mismo (sentirse capaz) y hacia los propios padres (me cuidan).

Es importante que sienta que su acción está permitida dentro de la base segura que brindan las normas y los límites claros. Lo que está de fondo es un patrón de crianza sano, estable, donde los padres ejercen como tal, donde las figuras parentales brindan amor, apoyo, seguridad y estabilidad.

Por otra parte, en el otro extremo de la protección está la desprotección, la cual se refiere a dejar en poder del niño la decisión de tomar acciones y encargarse de aspectos para los cuales aún no está preparado debido a su corta edad. Por ejemplo, un niño no está preparado para decidir cuándo tomarse un medicamento, qué tipo de alimentos debe consumir, si debe ir o no al colegio o al dentista, etc. Estas son funciones del rol de padres, no de los niños.

Cuando esto ocurre, estamos hablando de desprotección, de no brindar la guía y el apoyo necesarios para que el niño tenga cubiertas sus necesidades básicas y vaya sentando las bases de una autonomía sana.Cuando protegemos, necesariamente debemos establecer normas y límites de manera que el niño se sienta seguro y pueda estar claro de qué cosas le son permitidas, las que son adecuadas y sanas para él y las que debe o no debe realizar.

Los niños necesitan saber que hay normas y límites y comprender cuáles son los que rigen su mundo, que sean lo suficientemente amplios como para permitirle explorar y lo suficientemente restrictivos que le den seguridad y a la vez favorezcan la responsabilidad de sus acciones.

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