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Mis padres se separan ¿y yo?

niño y osito

 

Lamentablemente cada día vemos mayor cantidad de parejas que se separan, y en el proceso de separación arrastran a los hijos a una situación muchas veces dramática, que implica abogados, jueces, discusiones, peleas, etc.

Pienso que es importante aclarar que en una pareja que se ha convertido en padre y madre, hay dos tipos de vínculos diferentes: 1) el vínculo conyugal, que define la relación amorosa, amistosa, de pareja, entre esas dos personas que han decidido unir sus vidas independientemente de que sean padres o no  y 2) el vínculo parental, que define la relación entre esas dos personas después de que se han convertido en padres, independientemente de que esas dos personas se amen o se odien, vivan juntas o no. Son dos vínculos diferentes o por lo menos aspectos distintos del vínculo entre dos personas.

Cuando se produce una separación de la pareja, lo lógico es que se rompa el vínculo conyugal pero el parental debería quedar intacto: es la unión de dos personas que le han dado la vida a otra y a quien tienen la obligación de cuidar y proteger. Los padres se divorcian entre ellos, pero no de los niños. Un hijo será un hijo siempre. Pero en la vida diaria vemos cómo este vínculo parental entre los padres no solo se rompe, sino que se transforma en un vínculo destructivo que desemboca en los niños y que también tiende a destruir el vínculo madre-hijo o padre-hijo.

¿Por qué ocurre esto? En la práctica clínica veo que la mayoría de las veces ocurre porque el padre o la madre utilizan a los niños como el medio para hacer daño a su ex-pareja. Vemos con frecuencia que una de las figuras parentales, después del divorcio, toma a los niños como su mejor arma: para hacer daño al otro, para obtener una pensión, para favorecer su propia imagen ante el niño en perjuicio de la imagen del otro, etc.  Al quedar destruido el vínculo conyugal es como si ese espacio se llenara de rabia, odio y otros sentimientos negativos que borran otros vínculos que deberían quedar intactos. En las parejas que han logrado conservar sano el vínculo parental aunque haya desaparecido el vínculo conyugal, la relación con los hijos por parte de ambos padres se fortalece y se transforman ambos en seres nutritivos para sus hijos, ya que esa relación se basa en la igualdad, el respeto entre ellos y el amor a los hijos. En estas parejas no hay situaciones conflictivas por el tema de la custodia compartida, decisiones judiciales, etc.

Considero que excepto que el padre o la madre hayan actuado de forma violenta hacia el niño o lo hayan descuidado física y emocionalmente, o hayan permitido cualquier tipo de abusos hacia él, ambos tienen el derecho a compartir con su hijo. Pero más aún, es el niño quien tiene el derecho a compartir su vida y especialmente su infancia con ambos, padre y madre. Cada uno ejerce un rol diferente y el contacto con cada una de sus figuras parentales marcará las pautas de cómo será su vida emocional en el futuro.

Actuar de forma deliberada y en ocasiones engañosa para hacer que el padre o la madre no tenga contacto con su hijo, sin existir una causa de verdadero peso que lo justifique, debería ser considerado como una forma de maltrato infantil. Además, un progenitor lleno de odio jamás podrá criar adecuadamente a su hijo.

 

 

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