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«Mi hijo es desobediente, hace rabietas y se porta muy mal»

Este es uno de los motivos de consulta más frecuente: la desobediencia, hacer rabietas, no hacer caso, no respetar normas y límites. Esta actitud del niño, con frecuencia se transforma en un elemento altamente disruptivo dentro de la dinámica familiar, haciendo que los padres griten, regañen, castiguen… lo que a su vez genera mayor enfrentamiento por parte de los hijos, aunque sean muy pequeños.

¿Pero ¿por qué un niño “se porta mal”, por qué hace rabietas? es importante que entendamos que, en primer lugar, la responsabilidad recae sobre los adultos que rodean al niño. “Portarse mal” es un grito de ayuda por parte del niño, es el indicador de que algo no está funcionando bien,  es una petición con un lenguaje muy particular, que el niño hace para hacer entender a sus padres que requiere que le atiendan y se satisfagan sus necesidades. Es la manera de decir a los padres: mírame, atiéndeme, hazme caso, deja el móvil y juega conmigo, llévame al parque… En definitiva, es una queja, y en el fondo, todas las quejas son una forma de culpabilizar al otro. En este caso, a los padres.

Un niño satisfecho y reconocido emocionalmente no tiene necesidad de desobedecer y hacer berrinches. No existen recetas mágicas para que un niño “se porte bien”, ya que todo depende de cada niño y de cada grupo familiar. No todos funcionamos igual. Lo que sí es necesario e importante con todos los niños es que en cada familia se adopte un estilo de vida que tome en cuenta realmente al niño, que los padres se entrenen en poder detectar cuáles son sus necesidades a ser satisfechas y que logren establecer normas y límites claros, acorde a las edades de sus hijos y que se puedan cumplir eficazmente dentro del hogar.

En ocasiones, los padres adoptan una actitud de calma, tranquilidad, de aceptación de la rabieta o la desobediencia. Esto con frecuencia genera mayor molestia en el niño, quien redobla su “queja”. Ante cualquier pequeño detalle que le incomode, su reacción puede ser altamente emocional. En otras ocasiones, los padres reaccionan con gritos, castigos, etc. que actúa como un disparador de la carga emocional que ha hecho aparecer la rabieta en el niño. Nada de esto funciona de esta manera. Lo que el niño está pidiendo en ese momento es que la madre o el padre se baje a su altura (emocional y físicamente) y, viéndole a los ojos y haciendo contacto físico suave, intente descubrir cuál es la emoción implícita en ese momento. Reflejándole al niño su propia emoción, entendiéndola, reconocerle (¿por qué no?) que tiene razón en sentir lo que siente y dándole opciones para hacerle sentir mejor. De esta forma, seguramente ese momento será superado sin mayor dificultad.

“Portarse mal” es una consecuencia ante estilos de crianza ambiguos, con niños que tienen necesidades no satisfechas, que desean  (por ejemplo) aprovechar al máximo el poco tiempo que pasan con los padres. Son estilos de crianza que generan poca estabilidad en los niños y que no les permiten tener una base segura en el núcleo del hogar.

Si quieres saber más sobre el tema, te invito a hacer mi curso online “Criar sin gritos” que estará abierto a partir del 3 de febrero de 2020 (www.servieditoriales.net).

Si deseas información, escribe a gladysveracoechea1@gmail.com

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