Skip links

Infancia y cultura electrónica

Por: Gladys Veracoechea Troconis / Psicóloga infanto-juvenil, Madrid (0034 654862607)

Escribí este artículo en 2016, lo he actualizado en algunos aspectos y lo coloco de nuevo ya que cada vez está más vigente el tema de los videojuegos y su influencia sobre el desarrollo de los niños. Cada día son más los niños que permanecen varias horas del día ante las pantallas y, cada vez, es menor la edad en la cual se utiliza cualquier tipo de pantallas para mantenerlos “tranquilos”.


¿Es importante que los niños utilicen juegos virtuales? ¿El aprendizaje es igual de efectivo con los juegos virtuales que con los juegos concretos?
Desde el punto de vista neurológico no es lo mismo el juego con material concreto que el juego virtual.


Las conexiones que abren los caminos de aprendizaje, los circuitos neuronales no se dan de forma espontánea, se dan porque hay una estimulación externa que hace que esas neuronas se conecten. Durante los primeros seis años de vida es indispensable que el niño tenga contacto persistente y de calidad con los estímulos externos (visuales, auditivos, táctiles, gustativos, olorosos).Y la mayor y más efectiva fuente de estimulación es la experiencia corporal. Antes esto no se sabía, y no se le daba importancia a ciertos aspectos del desarrollo, como el gateo por ejemplo. Hoy sabemos que mientras haya un desarrollo psicomotriz óptimo, un adecuado esquema corporal y percepción corporal… mejores será los aprendizajes posteriores (cognitivos, académicos, etc.).


Como señala Rosina Uriarte (profesora del curso sobre estimulación temprana que impartimos en el Aula Virtual de Psimática Editorial): el período de máximo desarrollo neuronal llega hasta los tres años de vida del niño, a partir de esta edad decrece paulatinamente hasta los seis años, cuando el cerebro pesa ya el 80 o 90% del peso del cerebro adulto y los mecanismos de aprendizaje adquiridos serán los que prevalezcan en el futuro. Asimismo señala, refiriéndose a los programa de estimulación temprana: “Teniendo en cuenta cómo se desarrolla y crece el cerebro del niño, intentamos imitar a la naturaleza ofreciéndole a ese joven cerebro lo que necesita para su maduración. Recordemos que el cerebro no crece gracias a un programa establecido de forma natural, sino que lo hace gracias a lo que siente el niño con cada uno de sus movimientos, con todo lo que toca, cada vez que le tocan, con lo que ve, lo que oye, etc.… Por esta razón es muy importante exponer al niño a estímulos de calidad. Ofrecer a un niño estímulos de forma indiscriminada y desordenada no es estimulación temprana”.


La cantidad de tiempo que pasa un niño frente al ordenador, la consola o el televisor le resta posibilidades para optimizar su desarrollo, y no se refiere solamente a la ausencia de la experiencia psicomotriz sino a moverse en el espacio, en el tiempo, organizando sus pensamientos, interactuando dentro de un grupo de compañeros, enfrentando retos, decidiendo caminos a seguir, estando en contacto con la naturaleza, evadir obstáculos, reaccionar ante imprevistos, etc. Todo esto en función de él mismo, de su cuerpo. La experiencia concreta, la que actúa sobre su propio cuerpo es la que va a dejar importantes huellas en la corteza cerebral que serán la base para estructurar posteriormente otras formas de aprendizaje.
La experiencia directa del niño ante los objetos, la estimulación de los cinco sentidos, manipular los objetos, ubicarlos en el espacio, hacerse preguntas e intentar dar respuestas es lo que va a marcar la diferencia. No es lo mismo, por ejemplo, que el niño arme un puzzle (rompecabezas) utilizando el ratón, en una pantalla a que tenga un grupo de piezas, mezcladas, todas con formas, diseños y colores diferentes. Piezas que deben ser manipuladas, que van a tener una textura y un grosor que estimula el tacto, voltearlas para ubicarlas en el espacio, asociar colores y formas, etc. Las huellas que dejan las dos experiencias son totalmente diferentes.


Para mi es preocupante que hoy en día la mayoría de los niños no se formulan preguntas. En apariencia las cosas se dan “porque si”, pienso que son tan complejas que no se lo preguntan. Difícilmente un niño se preguntará cómo funciona el juego que tanto le divierte en el móvil de su madre, o por qué funciona el ratón (mouse), o por qué puede ver a una persona que está a muchos km de distancia en una pantalla que él tiene en su habitación. Pareciera que nada tiene explicación, todo está hecho, todo es mágico, es como si no hubiera relación causa-efecto, el mundo se ha quedado en lo abstracto, en que las cosas funcionan y con eso basta. Pero ese proceso de pregunta, respuesta, explorar por qué, experimentar, etc. va quedando en el olvido. Solo se asume que están allí. Esto por supuesto, limita que determinadas huellas queden en el cerebro.


No pongo en duda de que los juegos virtuales desarrollan determinadas habilidades, pero son habilidades para un mundo virtual, no para un mundo real porque no está ligado a la vivencia sobre el cuerpo. El manejo del teclado, de los mandos, de la escritura en whatsap, etc. también deja una huella en el cerebro que está relacionada con el campo psicomotriz. Leí en algún sitio que una investigación señalaba que los adolescentes actuales ha aumentado el área del cerebro que controla el uso del dedo pulgar. No es de extrañarnos, el cerebro se desarrolla de acuerdo a la estimulación recibida. Pero así como a través de los videojuegos se aprende algo inofensivo como es el manejo del teclado, por ejemplo, también se aprende de armas, de asesinatos a sangre fría, etc. Pero este es otro tema a explorar e intentar controlar.


El cerebro de los niños se está acostumbrando a funcionar para un mundo virtual, los caminos de aprendizaje (las redes neuronales) se establecen de acuerdo a ese mundo. Esta es una de las razones (hay muchas más) por la cual pienso que algunos niños se distraen en los colegios durante sus horas de clase: pasan muchas horas con los video-juegos, su cerebro se habitúa a estos estímulos rápidos, muchos de los cuales están bajo su propio control… y luego pretendemos que pasen unas 5-6 horas al día sentados, frente a una pizarra, con una lentitud de estimulación (en relación a lo vivido durante las otras horas) que generan cansancio y fastidio. Evidentemente que ha llegado la hora de hacer un cambio de fondo de las metodologías escolares y adaptarlas más a esta nueva generación de niños. Esto ayudaría además a no emitir tantas quejas a los padres, quienes desde el hogar no pueden intervenir en la conducta del niño dentro del colegio. En países como Finlandia, donde se aprende a través de la experiencia, los diagnósticos de TDA no son problema.


Para que el cerebro de los niños se desarrolle de forma óptima es indispensable la interacción corporal con los elementos ambientales: pasear con su perro, nadar, hacer juegos de pelota, escalar, hacer caminatas por espacios abiertos, subir a árboles, recolectar hojas, etc. Es decir, interactuar con el mundo, hacer contacto corporal con los elementos del ambiente, dentro de un mundo real y alejarlos lo más posible de las pantallas.
Por otra parte, desde el punto de vista emocional pienso que los videojuegos han transformado la autoestima, limitándola a un espacio pequeño: pasar de un mundo a otro, ganar una carrera, matar más “malos” con las armas disponibles y en líneas generales demostrar que son muy buenos con ese videojuego, mejores que sus amigos. Se está dejando a un lado la motivación interna, la búsqueda de retos intelectuales, la satisfacción por resolver adecuadamente un problema de matemáticas, por el aprendizaje en sí mismo. etc. Después, a la larga, tendremos adolescentes cansados de todo el sistema escolar (ojo, que también en las metodologías escolares hay mucho qué modificar) y poco motivados a aprender.


Pienso también que en la percepción que se tiene de los niños también hay una incongruencia: muchos (más de los que a mí particularmente me gustaría) permanecen tranquilos, absortos, metidos en un mundo virtual y por lo tanto no “molestan” en casa, a veces ni se sienten. El niño que por el contrario, por la razón que sea, va en la búsqueda de experiencias externas, porque su cuerpo así lo requiere (corre, salta, manipula objetos, está en movimiento, etc.) fácilmente es diagnosticado de TDA… y lo medican. En los colegios, es importante incorporar más actividades corporales, más movimiento, más tiempo al aire libre.
Para cerrar, pienso que no es asunto de subestimar a la infancia. Si dependiera en el plano consciente y voluntario de los niños, estoy segura de que lograrían un equilibrio entre los dos mundos, el virtual y el real. Lo que pasa es que es cuestión de procesos neurológicos internos, de poco control externo y se dan justamente durante la etapa más vulnerable de la vida.

Leave a comment

Name*

Website

Comment

A %d blogueros les gusta esto: