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Artículo: Los videojuegos ¿fuente de aprendizaje?

 

niño viendo el agua

 

Por: Gladys Veracoechea Troconis / Psicóloga infantil, telf: 654862607

No pongo en duda de que la vida cambia,de que hay diferencias significativas entre una generación y otra y de que es necesario adaptarse a lo que el mundo actual nos ofrece. Pero todos los cambios, todo lo que el mundo ofrece no quiere decir que sea para bien. A mí particularmente, me preocupan las futuras generaciones porque a medida que pasan los años observo que hay una pérdida de valores en la sociedad y especialmente hay una pérdida de la importancia que tiene la niñez.  Da la sensación de que esta preciosa etapa de la vida cada vez se acorta más, progresivamente se van borrando la tranquilidad y la dulzura de la infancia, en parte debido a la cantidad de exigencias a las que se somete a los niños y en parte debido a la ausencia de verdaderos hogares que brinden contención, normas y límites, amor y comprensión. Cada vez más son los niños que establecen vínculos y lazos de apego con máquinas, más que con seres humanos.

Dentro de las razones que leemos por allí de por qué un videojuego se convierte en algo divertido falta una muy importante: son adictivos. Sí, como las otras drogas. Crean adicción en los niños y jóvenes quienes llega un momento que no pueden dejar de jugar, y pasan horas, días, semanas, encerrados en sus habitaciones favoreciendo el desarrollo de sus dedos pulgares. Hogares en los que los momentos en que supuestamente debe haber mayor interacción entre los miembros de las familias, se transforman en verdaderos campos de batallas ante la lucha porque el hijo deje a un lado el videojuego para ir a comer, por ejemplo. O el enfrentamiento con los padres cuando les exigen a su hijo adolescente que estudie, después de haber aplazado 4-5 asignaturas. Pero el estudio, el futuro, la motivación a ser exitoso en el campo escolar pierde totalmente su interés. Lo importante en ese momento es la puntuación que obtenga en el juego o los pokemones cazados.

¿Y qué implica que haya una adicción? ¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando utilizamos una y otra vez el mismo videojuego?

El niño nace con millones de conexiones cerebrales, pero hoy en día sabemos que solamente las que se activan de una forma regular y contante son las que permanecen. El resto desaparece. El establecimiento de estas conexiones, los caminos del aprendizaje, se establecen básicamente cuando hay experiencias corporales. El niño necesita tener consciencia de su cuerpo, del espacio, necesita experimentar con el mundo real. Esas experiencias dejan huella en el lóbulo frontal, esas redes neuronales, las que se establecen de forma permanente asegurando el aprendizaje, se forman exclusivamente si el niño puede tener la experiencia real, en la que participe su cuerpo.

Cuando un niño utiliza el mismo video-juego del cual se ha hecho adicto, aprende a desarrollar habilidades relacionadas sólo con ese video-juego. Quizás desarrolla mayor atención visual, aprende a fijarse más en los detalles, pero la estructura cognitiva implicada en la atención se logra experimentando con todo el cuerpo ante los estímulos ambientales. Como señala el Dr. Gerald Hüther (Director del departamento central de investigación preventiva en neurobiología de las universidades de Göttingen y Mannheim/Heidelberg (Alemania): “Lo decisivo para el desarrollo cerebral es tener desafíos auténticos, aventuras. Ir a pescar con el tío, construir una casa de madera en la corona de un árbol o subir a la cumbre de una montaña. Las aventuras nos han fortalecido a todos. Ahora los neurocientíficos han probado esta relación causal: los niños tienen que enfrentarse en su día al máximo de retos posibles para que se establezcan las conexiones neuronales más importantes; necesitan un mundo donde prime la interactividad. E insisto, no me refiero a un mundo virtual, sino a la interactividad que nace de las condiciones de la vida real». O como dice una persona cuyo nombre desconozco, pero que da una respuesta al Sr. Punset en un foro de su página web: Particularmente prefiero que mis hijos de 4 años exploren un nido de hormigas a que se dejen sus inmaduros ojos en un ordenador o similar…

Por otra parte, en muchas páginas web leemos que los videojuegos con educativos. No podemos generalizar que «los videojuegos son educativos». Hay algunos videojuegos que son educativos, han sido creados por profesionales conocedores de los procesos del desarrollo infantil y han diseñado algunos juegos relacionados con determinados aprendizajes escolares. Pero muchos videojuegos no son educativos, sino todo lo contrario.

Pienso que en relación a este aspecto es importante recordar a Albert Bandura (1925), psicólogo ucraniano-canadiense, profesor en la universidad de Stanford y famoso por sus aportes en el campo de la psicología social y particularmente por los estudios relacionados con la agresividad infantil y el aprendizaje observacional, quien señala: no aprendemos exclusivamente por la experiencia directa sino también por la experiencia de otros, que actúan para nosotros como modelo. En algunos experimentos realizados por Bandura se logró demostrar (entre muchas otras cosas) que los niños reproducen de forma casi fiel las conductas agresivas mostradas en una película, en donde una persona agrede a otra, o a un muñeco. Los experimentos de Bandura han tenido amplia repercusión sobre los estudios de psicología social.

En ocasiones se señala que los niños prefieren los videojuegos a las aburridas clases magistrales en los colegios. Eso es cierto, pero no porque algo sea inadecuado nos vamos a conformar con algo aún más inadecuado. Lo que hay que cambiar son las metodologías escolares, lo que hay que cambiar son las aburridas clases orales en las que se explica lo ya leído o aprendido o peor aún, donde se manejan datos que sólo sirven para pasar una prueba o examen, pero no para formar parte de la estructura cognitiva de los niños. Es evidente que las clases deben hacerse más prácticas, de interacción, de discusión, de análisis, es indispensable que los niños experimenten, que busquen las respuestas, que en lugar de buscar por Internet las partes de un árbol, salgan al patio del colegio y los vean, recojan hojas… y suban al árbol. Hay documentales maravillosos sobre todos los temas y, además, no debemos perder de vista que el objetivo central debería ser que los niños utilicen la mejor de todas las máquinas: el cerebro. Que razonen, que piensen, que se planteen dudas y preguntas, que se muevan, que logren establecer conexiones entre su aspecto psicomotriz y cognitivo.

Eso no lo van a conseguir en los videojuegos sino en su interacción con el mundo, y mejor aún si lo hacen acompañados de los padres.

Que los utilicen, si, pero de forma controlada para pasar un rato de ocio, y no como la forma de mantenerlos callados y tranquilos, alejados de la condición natural de ser niños.

Si desea solicitar una consulta online o presencial con Gladys Veracoechea Troconis (Madrid),  llene y envíe el siguiente formulario de contacto:

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