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Orientación a padres: Cuando un niño recibe un diagnóstico de TDA ¿en qué momento se elimina ese diagnóstico?


niño entre hojas

Por: Gladys Veracoechea Troconis

Psicóloga infantil, Madrid

Justamente este es uno de los problemas que surgen cuando un niño es etiquetado con un diagnóstico taxonómico. Estos diagnósticos basados en clasificaciones que marcan a la persona con una etiqueta son muy difíciles de eliminar, y más cuando el paciente es un niño y se maneja dicho diagnóstico dentro del ambiente del colegio.

La pregunta que se formulan los padres es muy lógica: ¿Cuándo deja mi hijo de ser TDA? 

Para responder a esta pregunta es necesario hacer previamente algunas reflexiones: si el TDA es concebido y tratado como una enfermedad (diagnóstico taxonómico + tratamiento con fármacos) ¿cuándo se cura? ¿Por qué hay otras enfermedades susceptibles de ser diagnosticadas, tratadas y eliminadas como la diabetes, el cáncer, el hipotiroidismo, etc.? ¿Por qué no en el caso del TDA?

Mi respuesta a lo anterior es contundente: el TDA no es una enfermedad y por lo tanto tampoco hay fármacos para curarlo. Al hablar de enfermedad hay una relación causa-efecto: la persona está enferma y ahí están los fármacos para curarla. Antes se hablaba de una «condición» presente en el individuo, pero progresivamente el término fue cambiando en las reseñas en revistas, noticieros y programas de televisión, notas sobre investigaciones, etc. dejando en el olvido el términos condición presente en el individuo y transformándose en enfermedad. Evidentemente, sospecho que en ese cambio de denominación hay involucrados intereses económicos de los laboratorios. Prefiero continuar utilizando el término condición pero aclarando que esa condición  tiene una causa, un origen que es diferente en todas las personas y depende de su propia individualidad.

Para mí el TDA (por utilizar esta etiqueta común) no es un diagnóstico sino un síntoma: el niño se distrae en exceso o es hiperactivo siempre bajo el criterio de que todo niño sano en ocasiones se distrae y es inquieto. Pero asumamos que realmente muestra conductas notoriamente atípicas en este sentido. Esto no es una enfermedad que se llama TDA sino es el síntoma de que algo ocurre en él que debe ser detectado y tratado. Ese algo puede ser físico (ej: problemas visuales, problemas auditivos, hiper o hipotiroidismo, agenesia del cuerpo calloso en cuyo caso con frecuencia los niños tienen dificultades que se interpretan como problemas de atención, reflejos primitivos activados a una edad en la que ya deberían haber desaparecido, etc.) o puede ser emocional (en este caso corresponde al psicólogo infantil explorar diversos aspectos con el niño relacionados básicamente con la dinámica familiar o escolar).

Cuando se detecta la causa y se trabaja, se favorecen los procesos del desarrollo en el niño y por lo tanto su conducta también cambia.

Si el niño ha sido etiquetado de TDA… por lo general esta etiqueta lo persigue durante toda su escolaridad. «Él es TDA… aunque ha mejorado» es común escuchar a padres o docentes al referirse al niño. Si el niño no ha sido etiquetado sino que se ha detectado lo que en él ocurría y ha sido trabajado, sus mejorías dentro del hogar y el colegio con frecuencia son fácilmente detectadas y reconocidas, y si el tratamiento es bastante efectivo no habrá una etiqueta que lo marque, sino un reconocimiento a sus progresos y logros.

Para solicitar citas de consulta psicológica con Gladys Veracoechea (online o presencial):

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